Franz Kafka, el escritor y la tortura existencial
Franz Kafka es uno de los autores literarios más importantes del siglo XX y quizás uno de los complejos. Su personalidad, la cual imprimía en sus escritos, se caracterizaba, continuas crisis de identidad, una compleja y rica vida interior, la tuberculosis, y la marcada influencia de sus orígenes familiares, especialmente de la autoritaria figura paterna.

Nació en Praga el 3 de julio de 1883 en el seno de una familia judia, con raíces germanas, por parte de madre, y checa por parte de padre, con una situación más o menos acomodada.
Su infancia y juventud se vio marcada por la muerte de sus hermanos: 3 de sus hermanas murieron en los campos de concentración nazi y las muertes de Georg y heinrich, que le generaron una enorme culpabilidad. Sin embargo, lo que de verdad influiría en sus escritos fue la relación con su padre, quien le menospreció y tiranizó durante toda su vida.
Interesado desde la adolescencia en escribir, participó en varios clubs literarios, y aunque empezó varios estudios universitarios, entre ellos arte y filología alemana, finalmente se licenció en derecho por orden paterna. De este modo, trabajó en oficios burocráticos relacionados hasta su jubilación, lo que le permitía escribir.
Tomo conciencia de sus labores de escritor en 1912, y era muy perfeccionista y exigente, de hecho sus textos anteriores y muchos a lo largo de su carrera fueron destruidos por él mismo. En 1913 escribe su primera obra ‘Consideración’ y en 1915 su famoso cuento ‘La metamorfosis’.

Viajó por Italia y Alemania sin encontrar muy bien su lugar, sintiéndose permanentemente desubicado y con un sentimiento de soledad. Todo esto se vio agravado por su enfermedad de tuberculosis que se le diagnosticó en 1917 y que terminaría siendo la causa de su muerte en 1924.
Tanto su experiencia en leyes y ‘estancias’ hospitalarias y dolores, fueron también fuentes de inspiración de su obra.
Sus relaciones amorosas fueron también muy complicadas, marcadas por crisis, rupturas y reconciliaciones. Destacan las que tuvo con Felice Buaer, Milena Jessenska, escritora y periodista checa, y Dora Diamant, también periodista, con quien terminó sus días. Fue a través de esta última que crecería su interés por el judaísmo, lo que complicaría también su textos de contenido existencial.

Se conocen estas relaciones, así como el trauma con su padre por medio de la amplia correspondencia que mantuvo con ellas y las cartas que le escribió a él y que nunca mandó.
La mayor parte de su obra es póstuma, ya que apenas publicó algunos de sus relatos breves y parábolas como ‘Un médico rural’ o ‘Contemplación’. El resto de su producción, donde no hay que olvidar ‘El proceso’, ‘El castillo’ y ‘América’ o ‘Carta al padre’, la mantuvo en secreto e, incluso, pidió a su amigo y albacea Max Brod que la destruyera a su muerte, cosa que, afortunadamente, no hizo. Hoy en día, parte de su obra sigue perdida, ya que las Cartas de Dora Diamant fueron requisadas por la GESTAPO y nunca más se supo de ellas.
- Categorias: Biografías de Escritores
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